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Alimentos, tiroides y otras hierbas

Expertos llaman a no confundirse con las múltiples informaciones que circulan en redes sociales y que recomiendan determinados alimentos o medicamentos "naturales" para el tratamiento de las enfermedades de las enfermedades de la tiroides.

Endocrinología

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Alimentos, tiroides y otras hierbas

Unos 200 millones de personas en el mundo padecen de enfermedades relacionadas con la glándula tiroides, En Chile, 1 de cada 5 personas las sufre y, a diferencia de otros países la enfermedad también afecta a los hombres aunque muchos de ellos lo ignoren. Cada 25 de mayo se celebra el Día Mundial de la Tiroides. 

La doctora Lorena Mosso, endocrinóloga de Red de Salud UC CHRISTUS recuerda que la enfermedad tiroidea más grave es la falla total de la glándula que produce cretinismo que se caracteriza por un déficit permanente en el desarrollo físico y psíquico, pero la principal motivación que hay detrás de la actual campaña mundial para eliminar la deficiencia de yodo e hipotiroidismo son las alteraciones mentales y neurológicas más sutiles que reducen el rendimiento escolar, la capacidad intelectual y la capacidad de trabajo. 

Yodo y tiroides 

El yodo es un micronutriente esencial para la producción de hormonas tiroideas. Si bien la carencia de yodo a nivel mundial se ha reducido a la mitad en los últimos 20 años gracias a las políticas de yodación de la sal, la OMS mantiene el alerta de que “la carencia de yodo constituye una importante amenaza para la salud y el desarrollo de la población mundial, especialmente para los niños en edad preescolar y las embarazadas”. 

La doctora Mosso advierte que la sal de mar –tan popular en estos tiempos- no contiene yodo y, por lo tanto, no es un aporte a nuestra nutrición., “Las políticas de yodación de sal en los años 70 permitieron acabar con el bocio y el cretinismo en Chile. Actualmente, todos los alimentos procesados con sal deben, por ley, usar sal yodada. Una alimentación sana debe incluir como máximo 5 gramos de sal para cumplir adecuadamente con los requerimientos de nuestro organismo”, dice.

En nuestro país, la sal está enriquecida con 40 microgramos de yodo por gramo de sal. Parte de ese yodo se pierde en los procesos previos al consumo. Por eso, con 5 gramos de sal obtenemos 200 microgramos de yodo y los requierimientos de todas las personas quedan cubiertos.

“Si consumimos sal sin yodo, debemos buscar alimentos que nos ayuden a cumplir con los requerimientos. Alimentos como el salmón, los camarones, el atún, la avena, las espinacas, los champiñones, la carne de vacuno –entre muchos otros- son ricos en yodo”, afirma la endocrinóloga. 

Estrés y tiroides

Aunque no existen datos evidentes que relacionen el estrés con la enfermedad tiroidea, muchos síntomas de ella pueden manifestarse como cansancio, insomnio, síntomas depresivos, fibromialgia o estrés lo que hace más difícil el diagnóstico. Por eso, ante estos síntomas se recomienda consultar con el médico quien ante la sospecha pedirá exámenes para determinar los niveles de hormonas tiroideas y, con ello, confirmar o descartar el diagnóstico. 

La alta prevalencia de la enfermedad tiroidea en Chile dificulta plantear la relación causal o la coexistencia de factores asociados. “Probablemente, al estar más estresados y cansados, dormimos menos, comemos mal, engordamos y nos enfermamos. Fisiológicamente, el aumento de una hormona llamada cortisol y el aumento de peso podría ser un mediador entre el estrés y el daño tiroideo, pero no hay pruebas científicas de ello”, cuenta la doctora Mosso. 

¿Curarnos sin medicamentos? 

Algunas publicaciones en el último tiempo han planteado casos de personas que se han mejorado sin usar los medicamentos habitualmente indicados para el tratamiento de la enfermedad tiroidea y critican la visión tradicional de la medicina que, en muchos casos, implica la cirugía para extirpar la tiroides o la aplicación de radioyodo. 

“Es necesario aclarar que antes de indicar una terapia determinada, los médicos debemos tener un diagnóstico lo más certero posible y conocer lo que llamamos la historia natural de la enfermedad. Existen algunos procesos de enfermedad que evolucionan naturalmente hacia la mejoría como ocurre con la mayor parte de las tiroiditis agudas o subagudas o el bocio eutiroideo juvenil. Lo mismo ocurre con un porcentaje de quienes tienen, por ejemplo, la enfermedad de Basedow Graves o en los portadores de nódulos e incluso algunos cánceres de tiroides pueden presentar un curso indolente y de muy lento crecimiento”, afirma la especialista.

Sin embargo, dice, la mayor parte de los pacientes no mejorará sin mediar terapias específicas e incluso pueden complicarse. 

Alimentos y tiroides 

Algunos han propuesto eliminar el gluten y aumentar el consumo de proteínas de origen animal para ayudar al buen funcionamiento de la tiroides. 

La doctora Mosso asegura que la evidencia es aún muy pobre para apoyar esta teoría. “Aunque sabemos que la intolerancia al gluten puede asociarse con enfermedades autoinmunes como las de la tiroides, no hay evidencia que sacarlo de la dieta estas mejoren”. 

Otros han atribuido propiedades terapéuticas a productos naturales que no han sido probados científicamente. “Cada producto que ofrezca estas propiedades, debe ser visado con estándares objetivos porque podrían incluso provocar daños relevantes en la salud de las personas.

En el mercado se publicitan hierbas, suplementos nutricionales y hasta vitaminas para tratar las enfermedades de la tiroides. Muchos de estos productos pueden ser muy dañinos. Entre ellos algunos que son muy altos en yodo o derivados de hormonas tiroideas de origen animal.

“Pese a los problemas que pudiera tener la industria farmacéutica, no podemos desconocer que si hemos alcanzado una mayor expectativa de vida es porque en los últimos 40 años detectamos, prevenimos y tratamos más enfermedades.

Al prescribir una terapia debemos conocer que los beneficios esperados sean superiores a sus riesgos y lo mismo ocurre en tiroides. La terapia para el déficit tiroideo es igual a la hormona que produce la tiroides por lo que en la dosis adecuada no tienen efectos colaterales”, asegura la doctora Mosso.