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Una esperanza de vida

El 15 por ciento de los trasplantes de hígado que se realizan en el país corresponde a niños que por diversas razones solo pueden optar a un trasplante con donante vivo, que ofrece muy buenos resultados.

Cirugía digestiva

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Una esperanza de vida

Para nadie es un misterio que en Chile el número de donantes es cada vez más bajo. Muchas personas mueren a la espera de un trasplante que nunca llega. En el caso de los niños, la situación es aún más compleja. Conseguir un órgano proveniente de otro menor es casi misión imposible. Por ello, desde hace tres años, los médicos del Programa de Trasplante Hepático Pediátrico de Red Salud UC CHRISTUS están recurriendo a donantes vivos. Es decir, colocando en el niño enfermo una porción de hígado sano de un dador compatible, que suele ser el padre o la madre.

El doctor Nicolás Jarufe, Jefe del Departamento de Cirugía Digestiva de Red Salud UC, explica que una de las ventajas de esta clase de trasplante es poder calendarizar la operación con tiempo. Ambas cirugías se programan en paralelo: mientras en un pabellón se opera al donante, en el otro se interviene al menor.

-Una vez que el paciente está listo, el lapso entre que uno saca el hígado y lo implanta en el niño es bastante corto, normalmente menos de una hora. Un hígado de cadáver, en cambio, hay que ir a buscarlo, transportarlo y esperarlo más tiempo. No es lo mismo un órgano que lleva una hora fuera del cuerpo a uno que lleva 10. Por eso, los hígados de dadores vivos funcionan rápido y son de mejor calidad.

Atresia biliar y trasplante

Las causas que pueden llevar a un trasplante hepático infantil son variadas y van desde alguna patología aguda, como la hepatitis fulminante, a tumores alojados en el hígado. Sin embargo, la enfermedad que con mayor frecuencia obliga a realizar esta cirugía es la atresia biliar. El doctor Juan Carlos Pattillo, cirujano pediátrico de Red de Salud UC CHRISTUS, recalca que “esta es una enfermedad que se caracteriza por una inflamación progresiva de los conductos biliares, que drenan la bilis del hígado y la transportan al intestino. Esto hace que se tapen, lo que produce un daño hepático crónico”.

Más de la mitad de los trasplantes hepáticos infantiles se deben a la atresia biliar. “Es la principal causa en niños menores de tres años, ya que deteriora el hígado muy rápido. Produce cirrosis avanzada en uno a dos años”, dice el doctor Jarufe.

Aunque se trata de un mal que se diagnostica con exámenes específicos, los padres deben estar atentos a algunas señales. Así lo aconseja el doctor Pattillo:

-Es muy importante que los papás observen las heces de sus hijos, que en un niño sano deben ser amarillas o verdes, incluyendo las tonalidades intermedias. Cualquier deposición blanca o como tiza es anormal. Además, el menor se pone amarillo, con una ictericia que comienza cuando nace y que dura más de 15 días.

Regalar vida

Una vez que se ha decidido hacer el trasplante se estudia al donante vivo. Esto sirve para asegurar que la porción de hígado que será donada estará en perfectas condiciones. “La evaluación es súper acusiosa -comenta el doctor Pattillo-, mucho mejor que la de cualquier donante cadavérico”.

Para el doctor Jarufe, este es otro de los beneficios del dador vivo porque “tenemos la posibilidad de analizarlo con meses de anticipación. Esto no lo podemos hacer con un cádaver. En él solo se alcanzan a practicar exámenes generales para ver la compatibilidad sanguínea y descartar infecciones; nada más”.

El análisis del posible dador parte con la revisión de su historia clínica, un examen fiìsico y una evaluación psicológica. Además, debe someterse a una serie de exámenes, que incluye hemograma, pruebas hepáticas, perfil lipídico, ecografía doppler y resonancia nuclear magnética del hígado, entre otros.

Con los resultados en la mano, el equipo médico informa al paciente para que confirme su voluntad de donar y autorice la operación a través del consentimiento informado.

El día después

Luego de la cirugía, durante el proceso de recuperación, la expectativa es que el cuerpo del menor acepte a su nuevo hígado y no haya rechazo. Para prevenirlo, el niño recibe un tratamiento con corticoides y otros inmunosupresores. Lo que se busca es bajar las defensas del organismo, para que éste no sea capaz de oponerse al cuerpo extraño que ha sido implantado en él. Sin embargo, esta es una posibilidad que está siempre latente y ante la cual los médicos deben estar preparados.

-Hoy en día esto es bien manejado -explica el doctor Jarufe-. Existen drogas que son muy efectivas. Lo importante es distinguir entre el rechazo agudo y el crónico. En el primero, que ocurre a los 10 días o antes del mes de la operación, el cuerpo responde muy bien al tratamiento. El segundo, en cambio, es más tardío y aparece a los tres meses o incluso años después. Éste es más difícil de tratar, porque las medicinas no actúan de forma adecuada. Puede generar la pérdida del órgano y obligar a un retrasplante. Por suerte este rechazo es bastante raro.

Ya dado de alta, el paciente debe tener controles médicos periódicos. Al principio son una vez a la semana, luego una vez al mes y así hasta llegar a una vez al año.

Un cambio rotundo

Superada la etapa del rechazo -mediante el control estricto y de por vida del paciente trasplantado-, el menor comienza a disfrutar de una realidad desconocida para él. De estar enfermo y débil, pasa a caminar, correr y saltar como cualquier otro niño de su edad. Recupera la vida que siempre debió tener. A ojos del doctor Pattillo, se trata de una transformación preciosa.

-Como doctor uno se impresiona. Antes de llegar al trasplante son enfermos crónicos del hígado. Los ves amarillos, con el abdomen muy hinchado, súper restringidos en su día a día. Por supuesto, el primer periodo después del trasplante es difícil para la familia, para el médico. Pero los niños se recuperan de una manera increíble, son de una resiliencia extraordinaria. Uno espera que vayan al jardín, al colegio, se casen, tengan hijos. En lo que sí deben estar claros es en que van a tener que usar el inmunosupresor de por vida.

Cirugía laparoscópica en trasplante hepático

El equipo del Programa de Trasplante Hepático Pediátrico UC es uno de los pocos que utiliza la laparoscopía como técnica quirúrgica en el dador vivo. Esta operación -mínimamente invasiva y que se realiza en contados centros en el mundo- hace que la recuperación post-operatoria sea más rápida y menos dolorosa, permitiendo una reintegración precoz del paciente a sus actividades habituales. Además, a nivel estético es mucho más discreta, ya que las cicatrices son sutiles comparadas con las de la cirugía tradicional.


Fuente: Revista Salud