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Pielonefritis: Mucho más que una infección urinaria

Es una dolencia del riñón que se presenta, en la mayoría de los casos, como consecuencia de una infección urinaria baja (cistitis aguda) no tratada o mal cuidada. Puede causar ocasionalmente lesiones renales de por vida y en el caso de los bebés, los adultos mayores y los pacientes inmunodeprimidos implica un alto riesgo de sepsis, severa infección sanguínea que puede incluso llevar a la muerte.

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Pielonefritis: Mucho más que una infección urinaria

Todo comenzó con un incómodo ardor al orinar y una urgente necesidad de hacerlo a cada rato. Luego apareció la fiebre, el decaimiento y una dolorosa molestia lumbar. Algo desorientada, Mónica consultó con un especialista para ver de qué se trataba. ¿La respuesta? Estaba sufriendo una pielonefritis, infección urinaria alta en la que los gérmenes contaminan uno o ambos riñones y afectan el estado general del paciente.

Esta dolencia es menos frecuente, pero mucho más severa, que una infección urinaria baja o una cistitis (inflamación de la vejiga), y no siempre se debe a una complicación de esta última, pues en algunos casos las bacterias suben directamente por la orina y se adhieren así a las paredes del uréter. 

Tipos y síntomas 

El doctor Arturo Dell Oro, urólogo de la Red de Salud UC CHRISTUS, explica que existen dos tipos de pielonefritis:

Aguda: cuadro clínico intenso y repentino, en el que el paciente presenta dolor lumbar unilateral o bilateral, fiebre alta (38º o más), decaimiento, estado de compromiso general severo, náuseas, vómitos y deshidratación. Estos síntomas pudieran estar acompañados también de dolor y ardor al orinar, incremento de la frecuencia de micción, orina de color anormal, con sangre o de olor fuerte.

Crónica: infección asintomática que compromete la función renal. Consiste en un sinnúmero de cicatrices y secuelas en el riñón como resultado de cálculos renales, de infecciones agudas a repetición u otras condiciones más complicadas.

Qué hacer 

Por lo general, las infecciones urinarias comunes se tratan con antibióticos orales de forma ambulatoria, es decir, no es necesario internar al paciente y el tratamiento puede llevarse a cabo en su casa. 

En el caso de la pielonefritis, los fármacos se recetan por un mínimo de 10 días, pero incluso pueden llegar a usarse durante un mes. En algunas oportunidades, cuando el cuadro es más severo y el compromiso renal es mayor, el médico indica más de un antibiótico o determina la hospitalización del paciente para administrarlos por vía endovenosa. Junto con ello se lo hidrata por la misma vía y se le dan medicamentos para aliviar las náuseas y los vómitos. 

Además, el manejo terapéutico varía según la condición de salud previa. “No es lo mismo tratar estas infecciones en un diabético o en un inmunodeprimido, ya que es evidente que el mismo germen va a establecer un cuadro mucho más severo en esa persona, pudiendo provocar complicaciones gravísimas como un shock séptico”, explica el doctor Dell Oro. 

Aun cuando el 95 %  o más de las pielonefritis bien tratadas se recuperan totalmente y no provocan daños renales, hay casos en que estas evolucionan mal y no muestran signos de mejoría. En esas situaciones se realiza una ecografía o un escáner de los riñones para determinar si existe un absceso en el riñón o pus en el tejido perirrenal. 

Hidratarse para prevenir

Pese a que no todas las pielonefritis derivan de una infección urinaria baja o de una cistitis, prevenir estas últimas es una buena manera de evitar las primeras. El principal mecanismo para protegerse es beber abundantes cantidades de agua al día, con el fin de incrementar la producción de orina y la frecuencia miccional, de manera de eliminar las bacterias que, aunque se hayan multiplicado, aún no han comprometido los riñones. “Hay que educar la vejiga para ir constantemente al baño, y para eso hay que tomar mucho líquido. Mientras más veces vaya a orinar, más opciones tendrá de expulsar por la uretra los gérmenes antes de que estos se adhieran al riñón y provoquen una pielonefritis. Por eso, la recomendación es beber al menos dos litros de agua al día”, afirma el experto. 

¿Por qué siempre nos pasa a nosotras? 

Las infecciones urinarias son mucho más frecuentes en el sexo femenino. “Toda mujer va a presentar al menos una durante su vida –advierte  el doctor Dell Oro–. La cercanía anatómica entre el ano, la vagina y la uretra facilita que los gérmenes pasen a la vía urinaria”. Lo mismo ocurre en el coito, otro importante factor de riesgo para sufrir este tipo de dolencias, ya que “la penetración favorece que las bacterias que ya están en los genitales se acerquen al ducto urinario”.

Por otro lado, el especialista aclara que las cistitis recurrentes en las mujeres responden a un sistema inmune más débil en esas pacientes. “A ellas se les pueden administrar minidosis de antibióticos profilácticos para prevenir infecciones urinarias  posteriores a una relación sexual, o durante el embarazo cuando estos factores favorecen las infecciones, siempre bajo un estricto control médico”, advierte el urólogo. 

Función de los riñones

Los riñones son los órganos encargados de purificar la sangre, y están localizados en la parte media de la espalda, debajo de la caja torácica. Diariamente filtran los desechos producidos por el metabolismo del cuerpo humano y regulan el contenido de agua corporal, transformándola en orina. Esta llegará luego a la vejiga a través de los uréteres y más tarde será expulsada del organismo al momento de orinar. 

Colaboración: Dr. Arturo Dell Oro, Urología Red de Salud UC CHRISTUS.

Horas médicas: 2676 7000.