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¡Llegó la hora de acostarse!

La cantidad de tiempo que necesitamos dormir, cambia a lo largo de nuestra vida. Así, mientras los recién nacidos duermen entre 16 y 18 horas diarias, los adultos duermen generalmente entre 7 y 8 horas.

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Red de Salud UC CHRISTUS

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¡Llegó la hora de acostarse!

El Dr. Pablo Brockmann, pediatra del Centro del Sueño de la Red de Salud UC CHRISTUS, destaca la forma en que el ritmo de la vida actual ha impactado la calidad de nuestro sueño. “Hoy enfrentamos una serie de horarios y obligaciones que a veces no están acordes a nuestro reloj interno. Diversos estudios muestran que, de lunes a viernes, la población tiene una rutina que atenta contra un buen dormir y muy frecuentemente, optan por reponer de forma excesiva estas horas de sueño el fin de semana”. En esta línea, diversas investigaciones muestran que progresivamente dormimos menos horas y los trastornos del sueño aumentan.

Además, en el caso de los padres, las edades de sus hijos también afectan directamente su propia calidad de sueño “En el caso de los lactantes y preescolares, cuando se instalan los hábitos de sueño, los padres tienen que alterar el suyo para acompañarlos y llevar este proceso formativo. Luego, en la adolescencia, hay una nueva alteración de los horarios en función de las actividades de los hijos. En todo los casos, se sugiere a los padres mantener ellos una correcta rutina de sueño que incluya hábitos como horarios precisos para descansar, un poco de deporte que los ayude a relajarse y evitar dormirse con pantallas encendidas”, indica Brockmann.

Más de 30% de los menores presenta insomnio conductual de la infancia o más conocido como “el niño que no quiere dormir”.

Para un mejor sueño de niños de 6 a 12 meses se recomienda que duerman en su cuna, de espaldas, sin almohada, tapado hasta las axilas y con las manos libres. Además, se debe cuidar que no tengan elementos blandos en la cuna como pañales de género, mantas, peluches o acolchados.

Además, hasta 3 años se recomienda generar y respetar una rutina en la que el niño se acueste antes de las 21:00 y siempre con ausencia del adulto al dormirse.

En el caso de los preescolares, se recomienda a los padres seguir rigurosamente las rutinas de sueño (horarios de dormirse y levantarse) y no imponerse una hora límite para conseguir que el niño se duerma, porque probablemente no se cumplirá y estará todavía más tenso. Además, en caso que el niño proteste o llore durante la noche; se sugiere reflexionar posteriormente con él sobre lo ocurrido.