Ingresar a un nuevo periodo escolar significa mucho más que regresar a clases. Implica, entre otras cosas, levantarse temprano, retomar el uniforme, preocuparse de las tareas y enfrentar a nuevos compañeros o profesores. ¿Cómo repercute esto en nuestros hijos?
En pocos días, miles de niños entrarán nuevamente a clases. El relajo que hubo durante vacaciones hace que cueste mucho retomar el ritmo habitual, lo que puede provocar situaciones de estrés perjudiciales para la salud. La psicopedagoga de Red Salud UC Montserrat Sepúlveda destaca la labor de los padres en este proceso, pues “debemos prepararlos, porque el temor es total: pensar en separarse de los padres, la incertidumbre del supuesto abandono, el desconocimiento de compañeros y profesores… Hay que saber que los primeros días siempre son decisivos para su desempeño escolar durante todo el año”, dice.
También debemos estar pendientes ante un posible cambio de conducta que puede ser manifestación de algún problema en la escuela o en su vida personal. Siempre debemos tener en cuenta que los problemas para ellos son tan grandes e importantes como lo son para nosotros. Ante señales como llanto reiterado, simulación de enfermedades, escaso control de esfínteres, violencia, desmotivación o malas notas, se recomienda conversar con ellos y con los profesores para descartar la existencia de algún problema al interior del recinto educativo.
“Hay que recordar que serán muchos los años que los niños estarán en la escuela y que esa debe ser una etapa de aprendizaje saludable y placentero y no de angustia y temor. No debemos compararlos con los hermanos u otros niños. No olvidemos que todos aprendemos en tiempos y ritmos diferentes, y que eso no nos hace ni más ni menos inteligentes”, remarca la especialista.