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Manejo de la ira

Mente Sana / Agosto 2012
Manejo de la ira

Si disgustos, rabias o frustraciones afectan de manera negativa sus relaciones con familiares, amigos, compañeros de trabajo o incluso desconocidos. ¡Atención! Es hora de aprender algunas habilidades para controlar la furia y saber si debe acudir a un especialista.

Si nuestra mente se ve dominada por el enojo, desperdiciaremos la mejor parte del cerebro: sabiduría y capacidad de discernir lo que está bien o mal”, sentenció el Dalai Lama. “Si te enfadas, piensa en las consecuencias”, declaró Confucio, reconocido pensador chino. ¿A qué se referían?
La ira está definida como la pasión del alma, que causa indignación y enojo. Es uno de los siete pecados capitales y está asociada a comportamientos agresivos en respuesta a frustraciones. El doctor José Antonio Ivelic, psiquiatra de Red Salud UC es claro. “Lo fundamental es detectar su causa para realizar un diagnóstico certero”.
La ira premeditada se refiere a conductas que no están asociadas a una frustración o amenaza inmediata; no hay un estado de activación física importante. Aquí se ubican las personas con rasgos más psicopáticos o antisociales, que carecen de empatía e ignoran el daño que provocan al otro.
La rabia impulsiva se da como respuesta a una amenaza percibida. En este caso existe una activación de nuestro sistema nervioso central, que incluye cambios físicos y químicos en el organismo: aumentan el ritmo cardíaco y los niveles de adrenalina que favorecen la conducta violenta.

¿Cuándo aparece?
El doctor Ivelic explica por qué de modo individual o social se actúa con rabia.
Todos tenemos una predisposición a la agresividad, la que -según estudios que lo demuestran- es genéticamente mayor en algunas personas. Cuando a esta tendencia se le añade extrema susceptibilidad emocional o falta de empatía, se trata -en muchos casos- de trastornos de personalidad. Si a esta propensión se suma un déficit de la capacidad de evaluar la realidad se puede hablar de una agresividad psicótica.
Independiente del motivo que gatille una conducta belicosa, ésta se potencia con la ingesta de drogas y alcohol. “Estas sustancias favorecen las agresiones, pero no son los únicos detonantes. También pueden reaccionar con ira desproporcionada quienes presentan cuadros depresivos, bipolares, ansiosos o tienen síndrome de déficit atencional”, añade el experto.
A nivel social hay situaciones que favorecen la ofuscación individual. Todas las causales políticas y culturales que generan frustraciones colectivas pueden motivar violencia. Además, “hoy por hoy el nivel de estrés cotidiano que manejan muchas personas es muy elevado. Esto provoca que nuestro sistema de activación esté permanentemente estimulado y que los mecanismos de control se agoten, llevando a que los sujetos se desborden con más facilidad”.

Cómo controlarla
En el manejo de la ira es importante favorecer la evaluación adecuada de la realidad y frenar la impulsividad, que está asociada a aspectos genéticos y de la personalidad, donde también influyen factores ambientales. Para esto la prevención es la clave.
-Lo primero es el autoconocimiento. Hay que saber cuáles son las vulnerabilidades personales. Luego sigue el automonitoreo, referido a la capacidad de mirarse y detectar: ¿Cuál es mi nivel de tolerancia? ¿Cuán estresado estoy? ¿Cuánta rabia he acumulado?

Algunos consejos útiles para dominarse son:
1. Tómese un tiempo. Antes de reaccionar piense lo que dirá o hará. Evalúe cuáles serán las consecuencias de su acción.
2. No atribuya al otro una intención de agredirlo, si no está seguro de ello.
3. Mantenga distancia y no se exponga a la persona o situación que lo incomoda si no está preparado para enfrentarla. Es recomendable expresar el malestar estando tranquilo.
4. Sea asertivo, muestre su molestia sin “guardarse la rabia”, pero sin herir al otro.
5. Utilice la palabra “yo” cuando describa el problema. Esto impide centrar la culpa en alguien más.
6. Evite sentir rencor. Es poco realista esperar que todos se comporten como usted desea.
7. Use el humor para liberar tensiones, pero sin sarcasmo.
8. Ejercítese. La actividad física ayuda a liberar malas energías.
9. Practique métodos de relajación. Haga maniobras de respiración, escuche música o practique yoga.
10. Modere el consumo de alcohol y no utilice drogas.

Con límites es normal y saludable
El doctor Ivelic es enfático en aclarar que, como todo mecanismo de adaptación, la rabia es una reacción normal y saludable, siempre que se sepa manejar. “Hay que precisar que existe un nivel que forma parte del repertorio humano de respuestas ante las amenazas y que tiene un fin defensivo. De hecho, es anormal que una persona nunca manifieste enojo frente a situaciones en que es agredida. Hay que estar atentos a los extremos. Cuando existen desbordes de ira frecuentes y desproporcionados se debe consultar con un especialista. Llega un punto en que las reacciones desmedidas afectan las relaciones interpersonales y el desempeño laboral o académico. En la terapia se evalúan los modos diferentes de respuesta, la causa subyacente y se analiza si es necesario indicar medicamentos de apoyo o solo psicoterapia”. Ésta es fundamental, porque permite generar conciencia del problema y trabajar modos de reacción sanos.

Colaboración: Dr. José Antonio Ivelic
Periodista: Ximena Alarcón

 

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