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Abuso sexual infantil: el valor de escuchar, creer y proteger

Guía Pediátrica / Agosto 2012
Abuso sexual infantil: el valor de escuchar, creer y proteger

En los últimos meses hemos sido testigos de una ola de denuncias por abuso sexual a menores. Niños indefensos e inocentes que han sido violentados de la manera más horrible. Cuidarlos, atenderlos y enseñarles sobre el tema es fundamental, una tarea que padres y educadores deben compartir.

Casi todos los días aparece un caso nuevo. La historia de un niño agredido en su sexualidad, la historia de una vida marcada para siempre. Se trata de una realidad dolorosa, en la que un adulto se aprovecha de la vulnerabilidad de un menor -ya sea en términos de conocimiento, superioridad, autoridad o contextura física- y lo utiliza para su satisfacción sexual.
Las cifras son tremendas. Uno de cada 10 niños ha sido víctima de este maltrato. Entre el 40 y 45 por ciento es cometido por los padres biológicos. De un 20 a un 25 por ciento por otros familiares cercanos, y entre el 10 y 20 por ciento por desconocidos. Independiente del agresor, el daño es el mismo.
¿Cómo es un abusador? Lo normal al hacerse esta pregunta es pensar en el pedófilo, “aquel que selecciona a los niños y se complace en el aspecto sexual solo con ellos”. Sin embargo, a juicio de la doctora Carla Inzunza, psiquiatra infanto juvenil de Red Salud UC, en la práctica cualquiera podría abusar de un menor: “Puede tratarse de un adulto con una vida sexual normal, que en determinadas condiciones y circunstancias vulnera a un niño”. Esto hace que muchas veces se dude de su relato.
-Los papás dicen “no puede ser, si este tío es tan amoroso”. La idea que ellos tienen del agresor -el violento, el seductor, el inadecuado- no les calza con lo que están viendo, que es el tío perfecto, el que los saca a pasear, que siempre les da regalos, que es cariñoso. Con frecuencia se piensa que el niño se equivocó, que entendió mal. Esa primera reacción, que es muy habitual, no debería hacernos dudar de proteger efectivamente.

¿Qué es la protección efectiva?
Cada pequeño vive el abuso de manera distinta. “Para uno puede ser que le rocen la nalga y le hagan descubrirse el hombro; para otro que le miren los pechos a una niña. A veces son cosas que nos parecen banales, pero que para ellos son muy graves y los afectan en su propia sensorialidad. Por lo tanto, tenemos que validar sus experiencias, escucharlos, tratar de entender qué les pasó”.
El camino es claro: los tres pasos para enfrentar este tipo de maltrato son escuchar, creer y proteger.
-Lo primero es confiar en que lo que el niño está diciendo es parte de lo que él está sintiendo y, desde esa mirada, hacer todo para que eso no vuelva a ocurrir. Esa es una protección efectiva. Siempre es bueno buscar ayuda profesional, no solo en el manejo del conflicto que se le presenta al menor, sino también frente al impacto emocional que se observa en sus padres.
Además, es muy importante denunciar al atacante -sobre todo si se trata de una persona cercana- para que el niño se sienta seguro respecto de que el abuso no se repetirá.

La importancia de la educación
La única manera de resguardar a los niños es estar atentos y educarlos en la materia. Mientras más informados estén, antes podrán contar sobre algo que les pueda molestar o llamar la atención.
-A los más chiquititos hay que explicarles las cosas de forma muy concreta y práctica, según lo que están viendo y entendiendo. Más adelante ellos van permitiéndose preguntar, en el colegio y a sus papás, sobre lo que les pueda pasar o que les parezca inadecuado.
Algunos temas sobre los que se debe enseñar son:
• Reconocer las partes de su cuerpo, incluyendo aquellas que son privadas.
• Saber que ellos tienen una opinión y que ésta cuenta.
• Aprender a descubrir sus necesidades y a poner límites. Nadie puede vulnerar ni traspasar lo que ellos no quieren hacer.
• Saber que tienen derecho a su autonomía e individualidad, y a que no les gusten ciertas cosas.
• Promover una sexualidad respetuosa de la voluntad y de sus creencias.
• No guardar secretos a sus padres. Que sepan que pueden confiar en ellos y que siempre los protegerán.

La doctora Inzunza dice que una cosa muy básica es no obligarlos a saludar a un desconocido. “Eso es algo que los adultos solemos promover. ‘Salude al tío’, ‘dele un beso’, ‘despídase’. Desde muy temprano los niños deben aprender que cuando ellos no quieren hacer algo tienen derecho a decir que no. A su vez, los adultos debemos impulsar ese derecho”.


Estar alerta a las señales
Entre un 30 y un 40 por ciento de los niños abusados no presenta síntomas. Esto muchas veces se debe a que por su edad -y falta de comprensión de la vivencia- no entienden bien lo que les está pasando. Sin embargo, cuando las manifestaciones aparecen es importante poner atención.

Preescolares (dos a seis años):
• Cambios repentinos de comportamiento.
• Llanto habitual, sin razón aparente.
• Pesadillas y miedos excesivos (a la oscuridad, a quedarse con determinadas personas, a irse a la cama).
• Dependencia extrema con personas de apego significativas (papá, mamá o cuidador), que se presenta en forma aguda y sin una causa evidente.
• Lenguaje y conductas sexuales inesperadas para su edad.
• Juegos sexuales repetitivos con juguetes, compañeros o mascotas.
• Regresión a alguna fase anterior del desarrollo (control de esfínteres, por ejemplo).
• Retraimiento y dificultades en la socialización.
• Masturbación excesiva hasta el grado de producir irritación y/o con objetos (que se manifiesta en todos sus espacios de desempeño).

Escolares (seis a 14 años):
• Irritabilidad, expresión inadecuada de la rabia.
• Mayor ansiedad frente a eventuales encuentros con el abusador.
• Conflictos en las relaciones con los pares y con figuras de autoridad.
• Baja inesperada del rendimiento escolar.
• Conocimientos sexuales avanzados.
• Cambios excesivos de humor.
• Inicio súbito de enuresis (orinarse) y/o de encopresis (defecarse).
• Trastornos alimentarios.
• Comportamientos sexualmente manifiestos hacia los adultos.

Adolescentes (15 a 18 años):
• Baja en su autoconfianza y autoestima.
• Malas relaciones con los compañeros.
• Trastornos del sueño (pesadillas, inquietud al dormir, sueño excesivo).
• Problemas escolares (baja en el rendimiento académico, retraimiento y aislamiento social).
• Consumo de drogas o alcohol.
• Agresividad.
• Problemas con la propia sexualidad (rechazo o desinhibición exagerada).
• Trastornos del ánimo.
• Embarazo adolescente.
• Conductas autolesivas y suicidas.
• Trastornos psiquiátricos complejos.

Colaboración: Dra. Carla Inzunza
Periodista: Desirée Ibarra

 

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